A las pocas semanas de iniciado el "maravilloso" sexenio de Felipe Calderón, al poco tiempo de haber echado a andar ese paraíso terrenal llamado Felipelandia, su naciente gobierno cobró ya, en términos de vidas humanas, sus primeras víctimas. Pero las cobró fuera de México. Se trata de varios mexicanos indocumentados que murieron en Estados Unidos cuando trataban de huír del "paraíso" prometido por el demagogo Felipe Calderón. En una nota periodística de la Associated Press, podemos leer lo siguiente acerca de un accidente que se registró a muy temprana hora del domingo 14 de enero del 2007 cerca de la comunidad de Elk City, al oeste de la ciudad de Oklahoma, cuando caía una intensa tormenta de nieve:
La ruta de la minivan coincidó con la que con frecuencia siguen los traficantes de indocumentados para evadir los retenes de la Patrulla Fronteriza ubicados sobre las carreteras más al sur. Vale la pena meditar en lo que acabamos de leer, porque las repercusiones de esta nota son profundas y trágicas a largo plazo para todo México.
De acuerdo con los reportes oficiales que obran en poder de las autoridades y que fueron elaborados por el Agente Trooper 323 Chris Laufer, quien fue el encargado de llevar a cabo la investigación del accidente asistido por el Teniente Rick Weedon y por el Agente Trooper 310 Chris Hunter del Oklahoma Highway Patrol, el percance ocurrió a las 3:51 de la madrugada del domingo 14 de enero del 2007 en la carretera interestatal I-40 aproximadamente dos millas al oeste de Canute, cerca de la esquina más al noroeste del Condado de Washita. La Astrovan Chevrolet 1998 en que viajaban los mexicanos iba en dirección hacia el este -muy posiblemente a alta velocidad para evitar ser detectados por las autoridades migratorias- cuando el chofer perdió el control del vehículo debido al hielo que cubría la carpeta asfáltica. La van cruzó la media central de la carretera dando vueltas patinando hasta que fue impactada por detrás por un vehículo Freightliner 1999 que iba en dirección hacia el oeste, manejado por Donald Ray Reeves, de 54 años de edad, de Midwest City, quien resultó ileso.
Hubo cinco supervivientes del accidente, cuatro de ellos de México, que terminaron internados en el Great Plains Regional Medical Center, algunos de ellos con lesiones graves que los dejarán incapacitados por el resto de sus vidas, los cuales son: Gaudencio P. Pérez, un adolescente de 17 años, Sergio Yañez Martínez, Mitxi Vázquez, de 21 años, y Pedro Valdéz, de 56 años, quien fué dado de alta con heridas menores. El quinto sobreviviente es Eurgencio V. Gonzalez, de 20 años, quien dijo residir en Durham, Carolina del Norte.
Estos siete mexicanos que se mataron estaban huyendo ya no del desempleo, el hambre y la miseria que les hubieran esperado bajo el frívolo gobierno del pro-Yunquista guanajuatense Vicente Fox, sino del hambre y la miseria que veían como inevitables por seis largos años bajo el sexenio de Felipe Calderón, fueron mexicanos que, llanamente, habían perdido ya toda esperanza de mejoría en su propio país. Prefirieron arriesgar su vida, y perderla, en un país extranjero, que esperar a que el Presidente del empleo Felipe Calderón hiciese buena alguna de sus muchas promesas de campaña, como la promesa esa de que empezando el primero de diciembre del 2006 el gobierno federal a su cargo absorbería en su totalidad por un año todas las cuotas del IMSS para los trabajadores de primer ingreso al mercado laboral, promesa que los ahora fallecidos nunca llegaron a ver cumplida, y la cual de todos modos es una promesa que a la larga únicamente beneficiará a los empleadores quienes buscarán estar contratando gente joven que los exima de pagos de cuotas al IMSS por un año discriminando al resto de la población con experiencia laboral que no podrá competir ante esta adversidad burocrática.
En la siguiente fotografía podemos ver el féretro que contenía los despojos mortales del indocumentado asesinado en territorio norteamericano, recién llegado de los Estados Unidos, en el momento en que los trabajadores de una funeraria local desempacaban el féretro durante las primeras horas del domingo 21 de enero en la comunidad de Iztaccíhuatl en el municipio de Cuautla, en el estado de Morelos:

A continuación podemos apreciar al Señor Renato Domínguez, padre del migrante asesinado, cuando observa a su hijo en su féretro:
En la siguiente fotografía podemos apreciar la lenta jornada en la cual varios familiares llevan al indocumentado inmolado a la casa de sus padres para ser velado, abriendo paso con una lámpara de incienso según lo dictan las tradiciones y costumbres en dichos poblados:
A continuación vemos la velación llevada a cabo las primeras horas del domingo 21 de enero, con un familiar montando guardia frente al féretro:
En la siguiente toma, podemos apreciar una fotografía del joven que estaba colocada a un lado del féretro cuando estaba siendo velado por sus padres y sus familiares cercanos:
Y por último, vemos el depósito de la caja mortuoria en el lugar en donde yacerán sepultados para siempre los restos de este joven mexicano que todavía unos cuantos días atrás tenía ilusiones y esperanzas de poder encontrar una vida mejor fuera de su país:
Sin embargo, el primer indocumentado muerto al intentar huír de México después de haberse estrenado el "maravilloso" sexenio de Felipe Calderón, esa continuación de las mismas políticas practicadas por su predecesor Vicente Fox que lograron estancar exitosamente a la economía mexicana por seis largos años, es un inmigrante que fue
identificado como el mexicano Humberto Leyva Pérez, de 49 años, el cual fue encontrado muerto el 15 de diciembre del 2006 en un área cercana a la comunidad de Hatch, al noroeste de Las Cruces, en Nuevo México, según lo reportaron las autoridades del Condado de Doña Ana.
A los indocumentados muertos ya mencionados, se les puede agregar una fatalidad más reciente todavía. Se trata de un inmigrante mexicano que
murió de frío tratando de cruzar los Estados Unidos por el desierto del sur de Nuevo México, en donde las temperaturas por varios días habían descendido por debajo del punto de congelación. Este inmigrante fue identificado como Omar Tomás Ángeles Vázquez, de 21 años, originario de Oaxaca, muerto el 23 de enero del 2007, unos diez días después de que siete compatriotas suyos ya habían muerto en aquél accidente ocurrido en Oklahoma. Sobre esta muerte, podemos leer lo siguiente publicado por la agencia noticiosa Apro:
Agencia APRO
Pedro Matías
9 de febrero del 2007
Oaxaca, Oax., 9 de febrero (apro).- Un indígena mixteco falleció de hipotermia en el desierto de Arizona, después de ser abandonado por los polleros, confirmó el director del Instituto Oaxaqueño de Atención al Migrante (IOAM), René Ruiz Quiroz.
Con este caso suman 14 los oaxaqueños muertos en lo que va del año, mientras que en el 2006 se contabilizó un total de 240 víctimas fatales en Estados Unidos, debido a diferentes causas, entre ellas, ahogados al intentar cruzar la frontera, en accidentes automovilísticos, por hipotermia, deshidratación, e inclusive a consecuencia de paros cardiacos.
El cuerpo de Omar Tomás Ángeles Vázquez, de 21 años, arribó a la comunidad mixteca de San Bartolomé Yucuañé --perteneciente a Tlaxiaco--, después que el consulado de México en El Paso, Texas, gestionó su repatriación.
Al recibir el cuerpo de su hijo, Andrés Aguilar Galindo, manifestó que Omar dejó familia y tierra en busca de trabajo en la Unión Americana, y lo que encontró fue la muerte.
Recordó que la decisión de emigrar a Estados Unidos la tomó su hijo apenas el 16 de enero, junto con un grupo de personas, de quienes hasta el momento ignora su paradero.
Según notificó el consulado, Omar Tomás dispuso en vida de los servicios de un traficante de humanos, sin embargo, es muy probable que por las condiciones extremas que prevalecen en el desierto --de 50 grados centígrados en el día, y temperaturas de menos 5 por la noche--, su hijo no haya resistido las inclemencias y finalmente fue abandonado a su suerte.
De acuerdo con el director del IOAM, Omar Tomás es el primer oaxaqueño que muere en 2007 al intentar cruzar la frontera de manera indocumentada.
Y es muy posible que haya otros mexicanos indocumentados muertos recientemente al intentar buscar trabajo en los Estados Unidos, cuyos cuerpos sin vida yacen perdidos en el desierto norteamericano expuestos a la intemperie mientras que los elementos de la Naturaleza destruyen las evidencias de su paso por este planeta. Sus familiares nunca más volveran a saber de ellos, y quedarán reportados como "desaparecidos".
Al mismo tiempo que ocurrían las tragedias que se han documentado arriba, sucedía otro
hecho trascendental en México que no tardaría en confirmarse:
en los primeros dos meses del sexenio de Felipe Calderón se habían perdido ya 178 mil 370 empleos. ¿Cómo, pues, con qué cara, pedirle a los que huían, que se quedasen en México buscando alguna oportunidad de empleo, si ya no había nada no sólo para ellos sino para los nuevos desempleados creados por el Yunquismo en el poder?
Las muertes recientes de los indocumentados arriba señalados se suman a la de más de
dos mil mexicanos que en los últimos seis años, en el sexenio foxista,
el sexenio de la ultraderecha Yunquista en el poder, intentaron cruzar la frontera en busca de empleo y de oportunidades que en México no encontraron. Sin embargo, todas estas muertes recientes de mexicanos en el extranjero no fueron impedimento alguno para que un increíblemente soberbio Felipe Calderón se felicitara a sí mismo ante los medios proclamando que se sentía "muy contento, muy satisfecho" con sus primeros 45 días de gobierno. Después de todo, ¿por qué habría de derramar una sola lágrima por esos compatriotas suyos que a fin de cuentas se rehusaron a creer en ese maravilloso cuento de hadas que es
Felipelandia? ¿Acaso esos
apátridas mal nacidos no quisieron entender el enorme sacrificio que representó para Felipe Calderón el tener que reducirse en un diez por ciento su abultado sueldo? "¡Ingratos, ingratos, muéranse, que no los necesito y México tampoco los necesita!" parecería haberles dicho en sus agonías un hombrecillo que parecía más preocupado por su posible tambaleante popularidad en las encuestas que en los numerosos reproches y
críticas que le han estado lloviendo a raudales desde el Congreso de la Unión y los partidos de oposición a causa de su positivo autoensalzamiento con el cual ha sido
acusado duramente de seguir la misma estrategia de Vicente Fox, esto es, de presentar un país que no es real, de presentar a
Felipelandia. Y mientras México se empezaba a hundir en la desesperanza ante un mal comienzo de año, en Ecuador -y para coraje de los neofascistas de la Organización Nacional del Yunque- otro socialista, Rafael Correa, quien se define a sí mismo como un
católico de izquierda, ascendía a la Presidencia, flanqueado en su toma de posesión por los Presidentes de Venezuela y Boliva:

En esta ocasión, después haber asistido unos días antes a la toma de posesión como Presidente de Nicaragua de Daniel Ortega, en donde fue ninguneado e ignorado ampliamente, Felipe Calderón ya no estuvo presente en la investidura de Rafael Correa, a sabiendas quizá de que los Presidentes de inclinación socialista de Centroamérica y Sudamérica lo tienen ya perfectamente ubicado como un servil a las órdenes de los intereses de los grandes empresarios y de una derecha ultraconservadora que gusta de actuar en forma encubierta. De hecho, el chasco que se llevó Felipe Calderón está bien resumido en las observaciones que hace el periodista Daniel Lizárraga de PROCESO en su artículo titulado "El hermano menor", en donde comenta:
Con la intención de retomar el liderazgo regional que México perdió durante el foxismo, Felipe Calderón asistió a la toma de posesión de Daniel Ortega. Ahí, proclamó que "independientemente de que geográficamente pertenezcamos a la región de Norteamérica, nuestra esencia... pasado y nuestro futuro, sabemos que está en América Latina". Pero su ilusión se hizo trizas: fue presentado en el lugar 15 de los 19 invitados especiales a la ceremonia y no logró atraer la atención de los mandatarios presentes.
Y si bien Felipe Calderón se hizo creer a sí mismo tras sus primeros 45 días de gobierno de que todo marcha tan bien en México que ello es motivo para que se sienta "muy contento, muy satisfecho", los mandatarios del resto de Latinoamérica parecen haber llegado ya a la conclusión de que Felipelandia no les merece posición de liderazgo alguno en el concierto de las naciones del orbe. Aquí empezó a pagar ya Felipe Calderón el haber creído que tras haberse robado la elección presidencial en México con el apoyo de la extrema derecha podía ser aceptado con los brazos abiertos como el líder indiscutible del resto de América Latina. Esto ya no podrá ser.
(Cabe señalar aquí que, al mismo tiempo en que Felipe Calderón incurría en desplantes de vanidad auto-congratulándose por sus primeros 45 "maravillosos" días de gobierno, su predecesor hacía lo suyo propio honrándose a sí mismo vigilando todos los detalles para la construcción de un pomposo
Museo Presidencial en justo y merecido homenaje a sí mismo, financiado parcialmente con fondos de esa fundación "Vamos México" creada por la
pareja presidencial dizque para beneficio del pueblo de Méxicio, ello después de haber
inaugurado personalmente en Los Pinos su propia estatua inmortalizándose para la posteridad.)
Lo más lamentable de todo es que, henchido de dignidad republicana, el
Presidente del Empleo, en vez de aprovechar la ocasión para comenzar a hacer válidas sus ya desgastadas promesas de crear cientos de miles de empleos al año
en México, se lanzó indignado
en contra del gobierno norteamericano por la muerte del indocumentado, despotricando contra las violaciones a los derechos humanos de los migrantes mexicanos que se cometen en los Estados Unidos y que están huyendo de México por falta de empleo, pero sin voltear los ojos
a su propio gobierno por las muchas vejaciones y abusos que los migrantes centroamericanos
denuncian que se cometen en contra de ellos al entrar a territorio mexicano, lo cual le ha ganado a Felipe Calderón el
reclamo oficial de países como Guatemala, reclamo que a fín de cuentas parece caer en oídos sordos. Y como muestra de ello, tenemos algo que fue reportado por la agencia APRO diez días después del asesinato del indocumentado mexicano:
AGENTES FEDERALES AGREDEN A 150 INDOCUMENTADOS CENTROAMERICANOS
Agencia APRO
Isaín Mandujano
22 de enero del 2007
Arriaga, Chiapas.- La promesa del presidente Felipe Calderón de respetar los derechos humanos de los indocumentados en la frontera sur ha quedado en entredicho, luego de la "golpiza" que agentes federales propinaron, el pasado viernes, a más 150 centroamericanos que fueron bajados del tren, denunció el responsable de la Casa del Migrante de esta ciudad, el sacerdote Heyman Vázquez Medina.
El director de la casa denominada Hogar de la Misericordia, advirtió que, con la llegada de más de 400 agentes de la PFP y la AFI, como avanzada de un operativo conjunto en 22 municipios de la frontera y costa de Chiapas, se agudizará la violación sistemática de los derechos humanos de los indocumentados centroamericanos, que cruzan la frontera para llegar a Estados Unidos.
Explicó que, el viernes pasado por la tarde, cuando el tren salía de la ciudad, éste se frenó para que cientos de agentes federales de la PFP, AFI e Instituto Nacional de Migración (INM) golpearon, con piedras, palos y macanas, a los centroamericanos.
Señaló que fueron capturados unos 150 indocumentados, y dijo que los que pudieron escapar se fueron al monte. Añadió que, más tarde, llegaron heridos a la Casa del Migrante.
"Fue un operativo violento. Los que llegaron a la Casa del Migrante me comentaron cómo los amenazaban y los encañonaban con armas. Los bajaron del tren a golpes", sostuvo.
El padre Vázquez Medina, quien hace dos años fundó la Casa del Migrante ante las peticiones de ayuda que a diario recibía en su iglesia--, recordó que, el pasado 14 de diciembre, el presidente Calderón estuvo en Chiapas, donde se comprometió a desarrollar políticas para atender el fenómeno de la migración, principalmente en lo que respecta al respeto a los derechos humanos.
"Cuando llegó a la frontera, Calderón aseguró que se iban a respetar los derechos humanos de los migrantes y que se les iba a tratar de manera muy humana. Eso, por lo visto, no se cumple. Continúa la misma discriminación y el maltrato de las autoridades municipales, estatales y federales", añadió.
Tal vez el Padre Heyman Vázquez aún ignora qué tánto se puede confiar en las promesas hechas por Felipe Calderón. Como esas
Cien Promesas, Cien Acciones que iba a hacer buenas para sus primeros
Cien Días de gobierno.
Los siete mexicanos que se mataron en territorio norteamericano el 14 de enero del 2007 así como el que fue baleado por un agente de la Patrulla Fronteriza perdieron sus vidas apenas unos cuantos días después de que en México se habían detonado fuertes aumentos en los precios del maíz y las tortillas que ya habían sido precedidos por aumentos en el precio de la leche para consumo de las clases populares y en los precios de las gasolinas. Si acababan de salir de México cuando perdieron sus vidas antes de llegar a los trabajos que allá seguramente los estaban esperando, les hubiera bastado ver en los puestos de periódicos y revistas la portada de alguna revista como la siguiente:

para convencerse a sí mismos de que, además de la falta de empleos y la carencia de oportunidades que los habría estado agobiando en su país natal por seis años más bajo un gobierno co-gobernado por la derecha y la ultraderecha, la
angustia producida por el espectro del hambre y la imposibilidad de poder alimentarse adecuadamente a sí mismos y a sus familias habría sido razón más que suficiente por sí sola para expulsarlos fuera de su país. Dentro de la misma revista en donde aparece la anterior portada, si hubieran tenido algún dinero sobrante para comprarla, habrían leído algo como lo siguiente aparecido en un artículo elaborado para la columna "Nada Personal" de
Tania, que hace hincapié sobre las devastadoras consecuencias acumuladas por la aplicación indiscriminada de un neoliberalismo económico abrazado ciegamente por la extrema derecha en el poder:
Es necesario abandonar la explicación coyuntural del incremento al precio de la tortilla: que se debió a una escasez "artificial", es decir, provocada por las prácticas monopólicas de distribuidores, industriales y acaparadores, para ver en esta coyuntura un vaticinio ominoso de lo que puede asaltarnos en el corto plazo y de manera cíclica.
En el sexenio foxista, "el mejor secretario de Agricultura que ha tenido México", el lamentable Javier Usabiaga tuvo a bien archivar conceptos estratégicos para todo Estado como los de soberanía y seguridad alimentarias con el argumento de que en un mundo de comercio globalizado los alimentos se compran donde más baratos se encuentran. La nueva política alimentaria del foxismo se empató con la miopía de los legisladores (la miopía legislativa parece también un mal endémico), quienes recortaron año con año el presupuesto destinado al sector. Así, millones de campesinos y millones de hectáreas de cultivo de granos básicos y un sinnúmero de programas agropecuarios y las instituciones reguladoras y promotoras del sector se convirtieron en sombras de Comala. Y dizque para reordenar el mercado interno se sembraron fideicomisos (¿recuerdan las oscuras cuentas del de los ingenios?) y se otorgaron a empresas privadas, que crecieron con el vigor e impunidad típico de los monopolios, estas funciones.
Paralelo a todo ello, y para compensar la caída de la producción de granos básicos, aumentaron las importaciones: legales e ilegales. Pero a este primer paso siguió otro, aún más nocivo para México: las autoridades del sector abrieron el país no sólo a los monopolios transnacionales de la biotecnología alimentaria sino que les han permitido el saqueo del patrimonio genético de nuestra biodiversidad, imponiéndonos, a cambio, dietas y valores dietéticos nocivos a la salud de los mexicanos.
De esta manera la balanza comercial de granos básicos y leche ha llegado a ser deficitaria de manera crónica, estructural, con lo que México ha pasado a ser un país dependiente para su alimentación, especialmente de Estados Unidos.
Hoy, ante la escasez de maíz blanco (la investigación que ha abierto la Cofeco deberá decirnos si fue artificial o no -aunque una se preguntaría, ¿si es artificial para qué importar de emergencia tantos miles de toneladas?-, el gobierno tiene que echar mano de recursos. ¿Qué otras áreas de inversión pública quedarán descobijadas para subsanar el problema?
A esto le podemos agregar el que, de acuerdo con un estudio llevado a cabo, y debido a la espiral inflacionaria y al aumento de precios de los productos básicos, el PRI en la Cámara de Diputados estimó que la cifra de emigrantes a Estados Unidos, que en el sexenio foxista se ubicó en 500,000 personas al año, llegará en 2007 a los 650,000. Esto, en lo que respecta a los que lograrán ingresar como indocumentados a territorio norteamericano. Pero la situación de muchos millones de mexicanos para quienes no hay otra opción más que seguir viviendo en México es ya tan preocupante que inclusive Sergio Sarmiento, autor de la columna "Jaque Mate" y quien ha manifestado en el pasado un apoyo entusiasta a casi todo lo que tenga que ver con Felipe Calderón, en la misma revista Vértigo arriba citada escribió lo siguiente en su artículo "Que coman pastel":
"Si no hay pan, que coman pastel". En realidad María Antonieta, la esposa del rey Luis XVI, nunca pronunció esta frase. Pero lo importante no es que la haya dicho o no, sino que el enardecido pueblo francés así lo creyó. Esto intensificó la furia popular y llevó al derrocamiento y a la ejecución de los reyes de Francia.
El presidente Felipe Calderón debe estar consciente de este precedente histórico.
Ningún gobernante puede darse el lujo de desatender una situación que pone en peligro la capacidad de los más pobres para comprar alimento. Si lo hace, es muy probable que pierda el control de su propio país. (Comentario: La Fundación del Empresariado en México, reveló que una de cada dos familias se mantiene con 45 pesos diarios; 33 millones de mexicanos tienen un ingreso diario de veintidós pesos con veinte centavos.)
El presidente Calderón no puede darse el lujo de no prestar atención a las protestas populares por el alza en el precio de la tortilla. La historia nos dice que los gobernantes que no han prestado atención a estos problemas han enfrentado problemas muy serios. De hecho, la actual crisis puede convertirse en una gran oportunidad de hacer cambios de fondo. Quizá entonces sí llegará un momento en que muchos podremos comer pastel.
Sin embargo, a como va la cosa, en el México actual tal vez ya ni siquiera se podrá llegar a soñar con esos pasteles. En todo caso, de vivir María Antonieta en el México de hoy (Marta Sahagún de Fox podría haber sido una buena substituta), el refrán podría ser: "¿No hay tortillas? Pues que coman PAN", como lo muestra el siguiente cartón de Naranjo publicado por PROCESO en el cual Felipe Calderón parece decirle a un macilento pueblo mexicano "Acostúmbrense al PAN":

Ciertamente, de los mexicanos hoy muertos que viajaban por Estados Unidos exponiendo sus vidas, ninguno de ellos tenía razón alguna para esperar una mejoría de vida en México con un gobierno que había iniciado tan mal. Porque si así comenzaba el "mandato" de Felipe Calderón, con aumentos desorbitados en los precios de los productos básicos, ¿qué razón habría para esperar que los años posteriores pudiesen ser mejores que el primero, máxime que el predecesor de Calderón le falló tan grandemente a las clases populares en México con sus falsas promesas de la creación de un millón 300 mil empleos al año y un crecimiento anual en el Producto Interno Bruto del siete por ciento que nunca se dió? Si el vanidoso panista Vicente Fox les mintió, ¿por qué razón habría de ser mejor otro igualmente vanidoso panista que llegó a la silla presidencial con tantas sombras de sospecha sobre su legitimidad y tantas interrogantes sobre las nefastas alianzas que estuvo forjando con gente de lo peor con tal de lograr su capricho de ser Presidente, alianzas que quedaron en evidencia cuando Felipe Calderón tuvo que dar inicio al pago de facturas premiando ampliamente a gente tan corrupta como la amoral líder sindical del SNTE Elba Esther Gordillo y los Yunquistas con los cuales empezó a rodear su gabinete? ¿Acaso esta gente demeritada, después de haberse $alvado genero$amente a sí misma con el dudoso triunfo de Felipe Calderón, es la que va a "salvar" a las clases populares en México?
Aunque la propaganda ultraderechista más reciente ha estado tratando de circular por todo México los rumores de que los desmedidos aumentos de precios en los alimentos que forman parte de la canasta básica de los mexicanos son la consecuencia directa de "un complot montado desde Nueva York por la poderosa banca judía mundial para hacer quedar mal al Presidente nacionalista Felipe Calderón", más allá de estas estrambóticas pseudo-explicaciones simplistas la descarnada realidad es que han sido Yunquistas y economistas neoliberales heredados de un priismo en decadencia quienes por seis largos años estuvieron haciendo junto con Vicente Fox todo lo que les dió la gana en cuestión de materia económica, por más que lo quieran negar. Y peor aún, Felipe Calderón refrendó por los seis años que habrán de venir las mismas políticas económicas a las cuales se aferró su predecesor y las cuales se encargaron de empezarle su segundo sexenio a la ultrderecha en el poder con muy malos augurios. ¡Cuánta tinta no gastaron en el pasado los propagandistas de la ultraderecha para denunciar la obstinada terquedad con la cual se estuvieron aferrando los países del bloque soviético a las doctrinas económicas del marxismo-leninismo elevándolas a la categoría de dogmas, sólo para terminar incurriendo en el mismo pecado cuando les llegó su turno de gobernar a México usando al torpe de Vicente Fox como escaparate! ¡Sin ponerse a pensar que el hambre se resiente por igual ya sea venida de la ultraderecha como venida de la ultraizquierda! Sin disposición alguna para intentar hacer cambios drásticos de fondo, sin disposición alguna para tocar los grandes intereses y los grandes monopolios que dentro de México se han enriquecido a manos llenas al amparo de sus contubernios con la encubierta ultraderecha gobernante, ¿qué esperanza pueden tener los pobres de México? Ninguna, absolutamente ninguna. Por ello, el éxodo masivo de mexicanos hacia los Estados Unidos por cientos de miles cada año continuará por lo que resta del régimen de Felipe Calderón (¿alguien desea apostarle lo contrario a Spectator?), un régimen que por lo visto tendrá que ser sostenido a punta de bayonetas mientras llega otra oportunidad en el año 2012 para tratar de echar a la ultraderecha de Los Pinos por la vía del voto popular. Mientras tanto, seguirán muriendo más mexicanos en su intento por cruzar al otro lado hacia un país cada vez más hostil hacia el inmigrante mexicano, cada vez más xenofóbico, cada vez más fastidiado de ser la válvula de escape de un país gobernado por gente amoral y corrupta. Los siete mexicanos que murieron esa madrugada del 14 de enero del 2007 lejos de su Patria, así como el que fué baleado por un agente de la Patrulla Fronteriza, así como los dos que fueron encontrados muertos, son tan sólo los primeros; seguramente morirán más, aunque eso tal vez le importe muy poco a los grandes financieros y a los grandes consorcios mediáticos de la telecracia que contribuyeron con su granito de arena a robarle a un pueblo la elección presidencial del 2006. ¡Pero si hasta el Kikín Fonseca se prestó a la farsa reelecionista de la ultraderecha en el 2006! Y por si acaso trata de negarlo ahora o intenta fingir demencia, Spectator le refrescará aquí la memoria a perpetuidad:

Celebramos que el muy bien pagado "Kikín" Fonseca no tenga esa necesidad apremiante de tener que exponer su vida cruzando a nado el Río Bravo con tal de poder alimentar a los suyos. Lamentablemente, la situación económica de la gran mayoría de sus coterráneos no es tan boyante, es exactamente la inversa a la suya (en el mismo estado de donde Felipe Calderón es originario,
laboran de jornaleros más de
40 mil niños), y se duda mucho que el "Kikín" esté en condición o en disposición alguna de poder ayudar a quienes ayer él mismo conminó a votar por el PAN; ya es un poco tarde para ello.
Volviendo a los mexicanos indocumentados que murieron en un trágico accidente en Oklahoma y el que murió baleado en el desierto de Arizona, así como los que fueron encontrados muertos. ¿Votaría alguno de ellos por Felipe Calderón, asustado por la intensa campaña mediática que estuvo advirtiendo a todos los mexicanos sin cesar noche y día que votar por Andrés Manuel López Obrador para Presidente de México traería desempleo, inflación, carestía y crisis? Eso tal vez nunca lo llegaremos a saber. Pero si tal fue el caso en por lo menos uno de ellos, entonces la decepción debe haber sido descomunal, con muchos sentimientos encontrados. Angustia, incertidumbre, desconfianza, temor, preocupación, no sólo por él (ellos) y sus familiares que quedaron atrás en México, sino por la Nación entera exceptuando a ese puñado de financieros golpistas que acapara ya neoliberalmente la mayor parte de la riqueza nacional y no están dispuestos a compartir parte de dicha riqueza con nadie ni perder ninguno de los privilegios por cuya posesión continuada tuvieron que comprarle su conciencia al que realmente hubo muchos que creyeron que con él al mando de la Nación todos vivirían mejor.
Ante las explicaciones oficiales que en realidad salen sobrando para quienes lo único que realmente cuenta son los hechos, muchos mexicanos de clase humilde que hayan votado por Felipe Calderón ahora estarán votando, con sus pies, en contra suya, al huír hacia alguna otra nación extranjera en busca de mejores horizontes aunque no sean bienvenidos en ella, aunque sean destestados y aborrecidos en dicho país:
pese a la indudable
aportación que con su duro trabajo están haciendo para contribuír a la creación de riqueza en esa ingrata nación extranjera, y pese a que en esa nación la
cacería de indocumentados se está convirtiendo ya en un
actividad rutinaria. El éxodo motivado por el hambre deberá incluír invariablemente a los dos hermanos que sobreviven al indocumentado de nombre Francisco Javier Domínguez Rivera asesinado por un agente de la
Border Patrol así como a muchos otros más como ellos que se verán obligados a exponer nuevamente sus vidas tratando de huír de su país, porque para ellos, en el "paraíso" co-gobernado por Felipe Calderón y la extrema derecha Yunquista, no hay nada, ni siquiera
tortibonos para evitarles morir de inanición, ya que fueron
eliminados del presupuesto en 1991 por el inolvidable Carlos Salinas de Gortari, tal y como lo dictan los dogmas del neoliberalismo tecnocrático ortodoxo. (En contraste, en los Estados Unidos, el país más rico del mundo, todos sus ciudadanos desempleados tienen derecho a los famosos
cupones de comida que les garantizan su diaria alimentación, siendo este programa de asistencia social un concepto introducido en los Estados Unidos bajo el liderazgo del Presidente Franklin Delano Roosevelt, a quien por cierto la extrema derecha mexicana detesta calificándolo en su propaganda neo-Nazi como un "judío marxista-leninista encubierto", lo cual se puede comprobar leyendo cualquiera de las numerosas ediciones del libro
Derrota Mundial escrito por el neofascista de línea dura Salvador Borrego.)
Quizá la burla más estúpidamente cruel en torno a todas estas tragedias humanas lo sea el hecho de que Felipe Calderón se haya aprestado para recibir calurosamente en México con los brazos abiertos al Presidente George W. Bush el lunes 12 de marzo del 2007, pese a que en lo que a una reforma migratoria emprendida por el gobierno norteamericano o un acuerdo migratorio entre México y Estados Unidos respecta,
los mexicanos no le deben absolutamente nada al gobierno del Presidente Bush ni tienen por qué estarle agradecidos de nada. En México, el 80 por ciento de los mexicanos lo detesta (cifra superada por Brasil, en donde el 85 por ciento de los brasileños lo detesta), y la visita de George Bush a México sólo puede servir para que la derecha y su hermana la ultraderecha en el poder alienten con fines propagandísticos las falsas expectativas y esperanzas en muchos mexicanos de que todavía es posible que el gobierno norteamericano le abra aunque sea un poquito las puertas a los trabajadores agrícolas temporales. Si el Republicano George Bush no lo hizo en los seis años que lleva en el poder, ¿cómo se puede esperar que lo haga ahora en los dos años que le quedan cuando prácticamente vá ya de salida habiendo perdido casi toda su fuerza política ante un Congreso ahora de mayoría Demócrata y estando su popularidad en niveles históricamente bajos del 30 por ciento? (Por lo visto, hasta en su propio país, muchos norteamericanos también lo detestan.) ¿Espera que lo reciban en México con los brazos abiertos los cientos de miles de trabajadores mexicanos que su gobierno ha estado deportando cada año? ¿Espera que lo reciban con aplausos y vítores los familiares de los indocumentados que han muerto tratando de cruzar la frontera buscando una oportunidad de trabajo en un país que no quiere aceptar ni reconocer que los necesita? ¿Con qué cara se atreve a visitar México esta persona
non grata cuya visita no puede trater ya nada bueno para el país? ¿Y con qué cara le abre las puertas de México el
Presidente del empleo postrándose en actitud de sumisión humillante ante un hombre al cual los mexicanos no le deben absolutamente nada? ¿Cómo se atrevió a abrirle las puertas de México a ese hombre para permitirle terminar de pisotear lo poco que le quedaba a México de dignidad como Nación?
En lo que tal vez sea una de las más crueles ironías del destino, cuando a una familia de indocumentados mexicanos rescatada milagrosamente por agentes de la Border Patrol de morir en el desierto de Nuevo México se le preguntó por qué habían expuesto su vida de esa manera, por qué lo habían dejado todo en México con tal de ingresar ilegalmente a un país desconocido con una cultura y un idioma diferentes, un país en donde inclusive son maltratados, usaron tal vez sin darse cuenta exactamente las mismas palabras que fueron usadas por Felipe Calderón durante su campaña presidencial para intentar convencer a todos los mexicanos de votar por él:
PARA QUE VIVAMOS MEJOR
Los primeros mexicanos muertos en un país extranjero al estar ya en funciones el gobierno Calderonista eran gente de carne y hueso. Tenían familias, tenían esperanzas, tenían ilusiones. Y tenían nombres. Y para que estos mexicanos no queden en el olvido, y por lo que sus muertes representan para el resto de la Nación, Spectator considera necesario asentar aquí de nueva cuenta sus nombres para la posteridad:
Humberto Leyva Pérez †, de 49 años, encontrado muerto el 15 de diciembre del 2006 en una zona desértica de Nuevo México.
Francisco Javier Domínguez Rivera †, de 22 años, originario de Puebla, asesinado el 12 de enero del 2007 por un agente de la Patrulla Fronteriza en Douglas, Arizona, cuando huía del "paraíso" ofrecido por Felipe Calderón, cuando huía de un México co-gobernado por la derecha y la ultraderecha.
Miguel Marquez Vargas † de 32 años y su hermano Francisco Marquez Vargas † de 19 años, ambos originarios de Acaxochitlan, en el estado de Hidalgo; Jaime Olvera Martínez † de 16 años, originario de Pahuatlán, Puebla; Eduardo Moreno Castillo † de 24 años y su hermano Diego Moreno Castillo † de 28 años, ambos también originarios de Pahuatlán, Puebla ; Filomena Pérez Yasi † de 44 años, y Joel Mercado Hernández † de 34 años, todos ellos fallecidos en territorio extranjero el 14 de enero del 2007 al viajar en un vehículo que corría a toda velocidad para eludir cualquier detección por parte de las autoridades migratorias norteamericanas.
Omar Tomás Ángeles Vázquez †, de 21 años, encontrado abandonado muerto de frío el 23 de enero del 2007 en el desierto del sur de Nuevo México.
Descansen en paz. Ellos, y los mexicanos indocumentados que habrán de morir también lejos de su Patria en los próximos seis años.